jeudi 30 août 2007

Carta de Sor Josefina

Queridas hermanas y hermanos en el Carmelo, en una mañana soleada de este mes de agosto 2007, nos hemos puesto en camino para escalar la montaña que es el corazon del Carmelo.
Rarísimas son las carmelitas y bien pocos los carmelitas que tienen la gracia de subir hasta allí donde Alberto, Patriarca de Jerusalén podía encontrar a los eremitas del Carmelo – ocho siglos atras – escuchar su experiencia de vida, de manera de podder darse cuenta cuál era el programa de vida que necesitaban y que llevaría el sello de la aprobación de la Iglesia.
Leída hoy la Carta de Alberto – asi se puede definir nuestra Regla – enviada a los amados hermanos que bajo la obediencia de B. Viven junto a la fuente de Elías, en el Monte Carmelo.
He aquí, Clarita y yo, viendo esta agua pura que desciende de lo alto y da la bienvenida a quien se dispone a subir hasta donde estaba el convento, entre los dos brazos protectores del Wadi es – Syah, frente al mar, inmerso en el silencio que se conserva hasta hoy.
Quedamos alegremente sorprendidas al encontrar a dos jovenes que alegres llenan muchas botellas con esta agua fresca y purísima. Cómo quisieramos hacer lo mismo para Uds., hermanas y hermanos que estan a distancia...
No es acaso esta agua el símbolo de la contemplación, tantas veces evocado por Teresa, nuestra Madre?
Como sería bello – a vuelo de pájaro – trasportarnos al pozo de Sicar, para escuchar las palabras del Maestro a la Samaritana: “el Mesías” “Soy yo que hablo contigo”!
Pero subamos nuestro monte. Es necesario venir para preparar la celebración del Centenario de la Regla.
El actual Patriarca de Jerusalén, Monseñor Michel Sabbat invita a las carmelitas de Tierra Santa a hacer memoria de este acontecimiento, en la intimidad y en la soledad de este valle.
Será el 25 de septiembre.
Subiendo, el camino se hace inaccesible, por lo tanto nos damos cuenta que el lugar de la Celebración Eucarística deberá ser aquí, entre el cielo y la tierra, mirando al mar y los montes.
Nosotros subimos todavía mas, pensando en Juan de la Cruz, con sus palabras, en su incisiva invitación al despojo, a la esencialidad, al corage de la subida.
Llegamos al monasterio y permanecemos en lo que fue la capilla. Nos sentimos como en casa, con todos vosotros. Hacemos silencio, oramos, contemplamos, reflexionamos.
Que gracia estar aquí! Gracias a Dios el bellísimo volumen El Carmelo en Tierra Santa, traducido en varias lenguas permite a cada uno hacer una visita, detenerse aquí...
El sitio labeautedecarmel.net ha querido hacer todavía mas cercano este lugar, en la rúbrica “actualidad”.
Cuanto hemos esbozado aquí está todo documentado, pero hay algo inedito, de lo que nadie puede hablar si no ha hecho la experiencia directa.
Sabíamos que mas allá del monasterio, mas allá de la gran gruta había un camino todavía más estrecho e inaccesible que subía hasta el final del valle, que permite una mirada de conjunto, digno de ser considerado un patrimonio del monaquismo.
Poco a poco nos encontramos en el sendero trazado desde siglos: no es peligroso, porque gruesos macizos rocosos y arbustos que crecen libremente nos dan seguridad. El sol quema, pero aquí y allá hay sombra y el silencio que te acoje, te acompaña, te circunda.
Encontramos dos rocas y nos sentamos para orar y contemplar – por un lado hay una inmensa pared de arboles y rocas: aquí y allá se entreven pequeñas grutas, excavadas por los antiguos monjes – por el otro lado una marmita nos mira con curiosidad.
Retomamos el camino: hay tramos en los que el sendero es estrecho, en otros se va mejor, pero es importante saber si se está en el buen camino.
En efecto, de tanto en tanto está el peligro de tomar otro camino. Dónde llegaremos? Deberemos rehacer el mismo descenso o encontraremos en lo alto la libertad?
“Adonde te escondiste Amado?” Cuantos monjes del pasado (griegos y latinos) habrán gustado el encanto de estas palabras leídas y rumiadas en esta soledad?
Mos parece soñar, mientras nuestros ojos descubren al fondo de esta vegetación salvaje, las grandes rocas sugestivas, mientras oímos a lo lejos el rumor de la ciudad, casi inexistente.
“Entremos mas adentro en la espesura” nos sugiere Juan, mientras con perseverancia avanzamos, de estupor en estupor. Ahora el camino parece obstruído por un arbol centenario que se ha caído, pero gracias a Dios nos ha permitido pasar por debajo. La pequeña Teresa nos ha enseñado!
Entorno vemos otros arboles caídos, pero nosotros continuamos subiendo. A veces no son las piedras las que nos indican el camino, sino la pura roca siempre en subida. De pronto inesperadamente una localidad habitada. Abajo un gran árbol, una mesa, mientras en la tierra un sofá indica que alguien ha querido vivir bien comodamente en plena naturaleza. No hay nadie y esto nos da seguridad, pero nos damos cuenta que ya estamos cerca de las casas que veíamos desde lo alto del Wadi.
Todavía debemos encontrar cómo volver y juntas descubrimos el buen camino, aunque nos queda una secreta pregunta: deberemos rehacer todo el recorrido?
Divisamos rejas y algunas casas, despues poco a poco encontramos por fin, la salida. Ahora contemplamos todo el valle...

Con Uds. Y por Uds. Hemos caminado llevándolos en el corazón a fin de que a todos nosotros nos sea dado experimentar cuán exigente y bello es el Carmelo!
Que su misterio nos fascine cada día más y nos conduzca a Cristo, que nos mostrará el camino indecible de la unión con Dios, bajo la protección de María, Señora de esta Santa Montaña.
Suor Giuseppina
Suor Clarita

1 commentaire:

Anonyme a dit…

Es extraordinaria la descripción que nos haceis desde Tierra Santa, muchas gracias por compartir, no dejeis de hacerlo siempre que podais, gracias un abrazo. Hna. Isabel